En los retratos interviene un poder de captar aspectos
ocultos, buenos o malos, del subconciente, o sea desconocidos
al propio sujeto.
Nunca logrará revelarlos el buen pintor desprovisto
de este don, ni el mejor de los fotógrafos.
Su mirada es permanente como si tuviera rayos X. Ella
ve lo que pasa desapercibido a los demás, lo
que no le sirve sólo en su mundo de paleta
y pinceles, sino agudiza su percepción en las
relaciones humanas. Cuando está en Vena
de pintar, entra en una especie de trance que
conocen los compositores de música, los poetas
e incluso ciertos escritores.